El dolor de espalda es, probablemente, la dolencia más democrática que existe. No distingue entre trabajadores de oficina y operarios de almacén, entre jóvenes que empiezan su carrera profesional y veteranos que acumulan décadas frente a una pantalla. Las cifras hablan por sí solas: el 80% de la población adulta sufrirá al menos un episodio de dolor lumbar a lo largo de su vida, y en España constituye la segunda causa más frecuente de problema de salud crónico, solo por detrás de la hipertensión arterial.

Lo verdaderamente preocupante no es el episodio aislado —que suele resolverse en unas semanas— sino la transición hacia la cronicidad. Cuando el dolor se instala durante más de tres meses, deja de ser una simple molestia para convertirse en un problema que afecta al rendimiento laboral, al estado de ánimo y a la calidad de vida en su conjunto. Y esa transición, en la mayoría de los casos, es evitable.

Un problema con dimensiones de epidemia

La lumbalgia es responsable del 12,5% del total de bajas laborales en España, con un coste estimado que se aproxima a los 16.000 millones de euros anuales. Es la primera causa de incapacidad laboral en menores de 45 años y genera más de dos millones de consultas en atención primaria cada año. Sin embargo, a pesar de estas cifras, la prevención en el entorno laboral sigue siendo insuficiente.

El dato quizá más revelador es que la prevalencia del dolor lumbar en trabajadores de oficina —personas que, en principio, no realizan esfuerzo físico intenso— oscila entre el 17% y el 64% según los estudios consultados. Esto desmonta la creencia de que el dolor de espalda es un problema exclusivo de quienes levantan peso o adoptan posturas forzadas. El sedentarismo laboral, paradójicamente, resulta igual de lesivo.

El cuerpo humano no fue diseñado para permanecer sentado ocho horas diarias. La columna vertebral necesita movimiento para mantenerse sana: el disco intervertebral se nutre por difusión, y esa difusión depende de los cambios de presión que se producen con el movimiento.

Por qué duele la espalda cuando «no hacemos nada»

Existe una percepción errónea muy extendida: «Si estoy sentado y no cargo peso, mi espalda debería estar bien.» La realidad fisiológica es exactamente la contraria. La posición sedente mantenida durante horas genera una serie de cambios biomecánicos que, acumulados día tras día, predisponen al dolor:

Los factores que realmente importan

La investigación actual ha desplazado el foco desde la ergonomía aislada hacia un enfoque más integral. Los factores que determinan la aparición y, sobre todo, la cronificación del dolor de espalda laboral son múltiples:

Factores físicos

Factores psicosociales

Este es quizá el aspecto más infravalorado. La evidencia científica demuestra consistentemente que el estrés laboral, la insatisfacción con el trabajo, la percepción de excesiva carga y la falta de autonomía son predictores tan potentes del dolor lumbar crónico como los factores puramente físicos. El estrés mantenido produce un aumento del tono muscular basal —los músculos de la espalda y los hombros se mantienen en contracción parcial de forma inconsciente— y modifica la percepción del dolor a nivel del sistema nervioso central, amplificando señales que en condiciones normales no serían dolorosas.

Factores individuales

Estrategias de prevención basadas en evidencia

Prevenir es, en este caso, infinitamente más eficaz que tratar. Las intervenciones preventivas con mayor respaldo científico pueden agruparse en tres niveles:

1. Organización del tiempo de trabajo

La medida más sencilla y, según la literatura, una de las más eficaces: interrumpir la sedestación prolongada. No se trata de dejar de trabajar, sino de incorporar microdescansos de forma estructurada.

2. Ajustes ergonómicos del puesto

La ergonomía no consiste en comprar la silla más cara del mercado, sino en adaptar el puesto a las características de cada persona. Los principios fundamentales son:

3. Ejercicio físico: la mejor medicina

La evidencia es contundente: el ejercicio regular es la intervención con mayor eficacia demostrada en la prevención del dolor lumbar. No se requieren rutinas complejas ni equipamiento específico. Lo que la ciencia avala es la consistencia, no la intensidad.

A continuación se describen cinco ejercicios que pueden realizarse en el propio entorno laboral y que han demostrado eficacia en estudios controlados:

1. Extensión torácica en la silla

Sentado, entrelazar las manos detrás de la nuca. Inspirar profundamente mientras se extiende el tronco hacia atrás, abriendo el pecho y llevando los codos hacia los lados. Mantener 5 segundos y volver a la posición inicial.

Repeticiones: 8-10, dos o tres veces al día. Objetivo: contrarrestar la flexión torácica sostenida y movilizar los segmentos dorsales.

2. Rotación de tronco sentado

Sentado con los pies apoyados en el suelo, cruzar los brazos sobre el pecho. Rotar el tronco lentamente hacia un lado, sintiendo cómo el movimiento parte de la zona media del abdomen y no de los hombros. Mantener 3 segundos en el punto máximo y regresar. Repetir hacia el lado contrario.

Repeticiones: 8 por cada lado. Objetivo: movilizar la columna en el plano rotacional y estimular la musculatura oblicua.

3. Inclinación pélvica (anteversión-retroversión)

Sentado con las manos sobre los muslos, realizar movimientos suaves de basculación de la pelvis: primero arquear ligeramente la zona lumbar (anteversión) y luego redondearla (retroversión), como si se quisiera llevar el ombligo hacia la columna.

Repeticiones: 10-12 ciclos completos. Objetivo: mantener la movilidad del segmento lumbopélvico y estimular la difusión discal.

4. Estiramiento del psoas de pie

De pie, adelantar una pierna en posición de paso largo. Flexionar la rodilla delantera mientras se mantiene la pierna trasera extendida. Empujar suavemente la cadera hacia delante sin arquear la zona lumbar. Debe sentirse un estiramiento en la parte anterior de la cadera y el muslo de la pierna trasera.

Duración: 20-30 segundos por lado. Objetivo: contrarrestar el acortamiento del psoas ilíaco por la sedestación prolongada.

5. Respiración diafragmática

Sentado con la espalda apoyada en el respaldo, colocar una mano sobre el abdomen. Inspirar lentamente por la nariz durante 4 segundos, permitiendo que el abdomen se expanda. Espirar por la boca durante 6 segundos, sintiendo cómo el abdomen desciende. No forzar el pecho ni los hombros.

Duración: 10 ciclos respiratorios. Objetivo: activar el diafragma y el transverso abdominal, reducir la tensión muscular cervical y dorsal, y disminuir el tono simpático asociado al estrés laboral.

Cuándo pasar de la prevención al tratamiento

La mayoría de los episodios de dolor de espalda relacionados con el trabajo son de naturaleza mecánica y se resuelven con las medidas descritas. Sin embargo, existen situaciones que requieren valoración profesional sin demora:

En estos casos, el abordaje profesional puede incluir fisioterapia dirigida, técnicas de terapia manual, ejercicio terapéutico supervisado y, en situaciones específicas, valoración por traumatología o medicina interna para descartar causas que vayan más allá de lo puramente mecánico.

El papel de la empresa

La prevención del dolor de espalda laboral no es responsabilidad exclusiva del trabajador. Las organizaciones que invierten en ergonomía, promueven pausas activas y crean entornos que reducen el estrés psicosocial obtienen beneficios tangibles: menor absentismo, mayor productividad y equipos más sanos y comprometidos. En España, la normativa de prevención de riesgos laborales contempla la evaluación ergonómica del puesto como una obligación empresarial, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo muy desigual.

Una inversión en salud a largo plazo

El dolor de espalda crónico no aparece de un día para otro. Es el resultado de meses o años de hábitos acumulados: horas de sedestación sin pausas, posturas que se asumen como normales, estrés que se somatiza sin que seamos conscientes de ello. La buena noticia es que la cadena de eventos que conduce a la cronicidad puede romperse con intervenciones sencillas, accesibles y que no requieren tiempo adicional, sino un uso diferente del tiempo que ya dedicamos al trabajo.

Desde el equipo de fisioterapia de Clínica El Romeral recomendamos no esperar a que el dolor se instale para actuar. Un dolor que se atiende en las primeras semanas tiene un pronóstico excelente. Un dolor que se ignora durante meses puede convertirse en un compañero indeseado durante años.

Referencias

  1. European Guidelines for Prevention in Low Back Pain. European Spine Journal, COST B13 Working Group.
  2. Encuesta Nacional de Salud (ENSE). Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. Datos sobre prevalencia de dolor lumbar crónico.
  3. Sociedad Española de Reumatología (SER). Estudio EPISER: impacto poblacional del dolor lumbar en España.
  4. Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF). Datos sobre sedentarismo y dolor lumbar.
  5. European Pain Federation (EFIC). World Spine Day 2025: recomendaciones sobre ergonomía y actividad física.