En España se producen aproximadamente 30.000 paradas cardíacas extrahospitalarias cada año. Son episodios que ocurren en la calle, en el lugar de trabajo, en un centro comercial o en el propio domicilio. La mayoría de ellas suceden ante testigos que, en muchos casos, no saben cómo actuar. Y es precisamente esa inacción la que marca la diferencia entre la vida y la muerte.

La parada cardíaca no es un concepto abstracto ni una eventualidad remota. Puede afectar a cualquier persona, independientemente de su edad o estado de salud previo. No siempre hay señales de alarma claras: en ocasiones, el corazón simplemente deja de latir de forma eficaz, y el cerebro comienza a quedarse sin oxígeno. A partir de ese instante, el tiempo corre en contra.

Por cada minuto que transcurre sin reanimación, las probabilidades de supervivencia disminuyen entre un 7% y un 10%. Tras diez minutos sin intervención, las posibilidades son mínimas.

El concepto de cadena de supervivencia

La comunidad médica internacional utiliza el término cadena de supervivencia para describir la secuencia de acciones que, enlazadas correctamente, maximizan las probabilidades de que una persona sobreviva a una parada cardíaca. Cada eslabón depende del anterior, y la rotura de cualquiera de ellos compromete el resultado final.

Las directrices del Consejo Europeo de Reanimación (ERC), actualizadas en octubre de 2025, mantienen esta estructura como eje central de la respuesta ante una parada cardíaca, e incorporan nuevos matices que conviene conocer:

1. Reconocimiento precoz y activación del sistema de emergencias

El primer eslabón es, quizá, el más subestimado. Reconocer que una persona está sufriendo una parada cardíaca no siempre es sencillo. Los signos clásicos incluyen la pérdida brusca de consciencia y la ausencia de respiración normal, pero en los primeros instantes pueden aparecer movimientos respiratorios anómalos —las denominadas respiraciones agónicas o gasping— que con frecuencia confunden al testigo y le hacen pensar que la persona aún respira.

Las guías ERC 2025 insisten en un mensaje claro: si una persona no responde y no respira con normalidad, hay que asumir que se trata de una parada cardíaca y llamar al 112 de inmediato. No hay que esperar a estar seguro. La llamada activa toda una cadena de recursos profesionales que incluye la ambulancia, pero también puede poner en marcha la localización del desfibrilador externo automatizado (DEA) más cercano.

2. Reanimación cardiopulmonar (RCP) por testigos

La RCP realizada por los presentes en el momento de la parada es el eslabón que más vidas puede salvar y, paradójicamente, el que falla con mayor frecuencia. Las compresiones torácicas mantienen un flujo mínimo de sangre hacia el cerebro y el corazón mientras se esperan los medios profesionales. Sin ese flujo, el daño cerebral irreversible comienza a producirse en apenas cuatro o cinco minutos.

Las recomendaciones actuales son claras respecto a cómo deben realizarse las compresiones:

Un aspecto que a menudo genera dudas es la ventilación boca a boca. Si la persona que interviene tiene formación en RCP, la secuencia recomendada es de 30 compresiones seguidas de 2 ventilaciones. Sin embargo, las guías reconocen que la RCP solo con compresiones —sin ventilación— es enormemente superior a no hacer nada, y es la opción preferible para quienes no se sienten cómodos realizando respiraciones de rescate o no tienen formación previa.

3. Desfibrilación temprana

La mayor parte de las paradas cardíacas en adultos se deben a una arritmia concreta: la fibrilación ventricular. En este trastorno del ritmo, las fibras del músculo cardíaco se contraen de forma caótica y descoordinada, de modo que el corazón tiembla en lugar de bombear sangre. El único tratamiento eficaz para revertir esta situación es la desfibrilación eléctrica.

Los desfibriladores externos automatizados (DEA) están diseñados para ser utilizados por cualquier persona, incluso sin formación sanitaria. El dispositivo analiza el ritmo cardíaco, determina si es necesaria una descarga y guía al usuario paso a paso mediante instrucciones de voz. No es posible administrar una descarga a un paciente que no la necesite: el propio aparato lo impide.

Las guías ERC 2025 incluyen una novedad relevante respecto a la colocación de los electrodos: en casos de fibrilación ventricular refractaria —aquella que no responde a las primeras descargas—, se recomienda considerar el cambio a una posición antero-posterior de los parches, situando uno en la parte anterior del tórax y otro en la espalda, por debajo de la escápula izquierda.

4. Soporte vital avanzado y cuidados postparada

El último eslabón corresponde a los equipos sanitarios profesionales, que aplican técnicas avanzadas de reanimación, acceso intravenoso, administración de fármacos y, si es necesario, manejo avanzado de la vía aérea. Pero incluso este eslabón es insuficiente si los anteriores han fallado. Un equipo de emergencias que llega a los diez minutos a una parada sin RCP previa se encuentra con un escenario de pronóstico muy desfavorable.

Las directrices actualizadas de 2025 también aportan cambios en los cuidados tras recuperar la circulación: se recomienda mantener una presión arterial media de al menos 60-65 mmHg y se subraya que, hasta la fecha, no existe ningún fármaco con evidencia suficiente para ofrecer neuroprotección específica en supervivientes comatosos.

Mitos que pueden costar vidas

Existen creencias muy extendidas que desincentivan la actuación de los testigos. Conviene desmontarlas con datos:

La importancia de la formación ciudadana

Los países con mayores tasas de supervivencia tras parada cardíaca extrahospitalaria comparten un rasgo común: una población ampliamente formada en técnicas básicas de reanimación. En los países nórdicos, donde la formación en RCP se integra en el currículo escolar desde la infancia, las tasas de RCP por testigos superan el 70%. En España, esta cifra se sitúa muy por debajo.

Las guías ERC 2025 dan un paso significativo en esta dirección al recomendar explícitamente que la formación en reanimación se introduzca en la educación infantil, a partir de los 4-6 años, y se refuerce anualmente en los centros educativos. No se trata de formar a niños para que realicen compresiones torácicas, sino de familiarizarlos con el concepto de emergencia, la llamada al 112 y la importancia de actuar.

Poblaciones especiales: lo que cambia en 2025

Las directrices actualizadas incorporan consideraciones específicas para situaciones que antes recibían menos atención:

Un gesto que puede salvar una vida

No es necesario ser profesional sanitario para marcar la diferencia en una parada cardíaca. Basta con reconocer la emergencia, llamar al 112, iniciar compresiones torácicas y, si hay uno disponible, utilizar un desfibrilador. Estos gestos, sencillos en su ejecución pero extraordinariamente eficaces, constituyen la base sobre la que se construye toda la cadena de supervivencia.

Desde Clínica El Romeral animamos a todos nuestros pacientes y a la ciudadanía en general a formarse en técnicas básicas de RCP. Un curso de unas pocas horas puede proporcionar los conocimientos y la confianza necesarios para actuar cuando más importa. Porque en una parada cardíaca, el primer interviniente no es el médico ni el enfermero: es la persona que está al lado.

Referencias

  1. European Resuscitation Council. ERC Guidelines 2025: Executive Summary. Resuscitation, octubre de 2025.
  2. International Liaison Committee on Resuscitation (ILCOR). Consensus on Science with Treatment Recommendations 2025.
  3. Sociedad Española de Cardiología. Datos epidemiológicos sobre parada cardíaca extrahospitalaria en España.
  4. Plan Nacional de RCP – SEMICYUC. Recomendaciones para la reanimación cardiopulmonar.